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La “nueva” estrategia del tarot telefónico

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30 Noviembre 2018 315 votos

tarot barato por telefonoEl nuevo auge del tarot telefónico se debe a una nueva manera de hacer las cosas: un servicio más profesional y honesto que en sus orígenes.

El tarot telefónico está conociendo una nueva edad dorada. Para comprobarlo no es necesario acudir a las cifras; basta con la evidencia de los numerosos anuncios de videntes telefónicos que, en el marco de un gabinete online o de forma individual, prosperan en la prensa de nuestro país o en internet.

 

Y es que el tarot telefónico ha encontrado la virtud del justo medio; entre las consultas presenciales tradicionales a las cartas y los más recientes métodos online, el tarot por teléfono ha sabido no sólo mantenerse, sino prosperar. Hay varias razones para ello: económicas, emocionales y, ante todo, unas prácticas completamente distintas a las que lo caracterizaban en su origen.

Tarifas más asequibles que nunca

Los más ancianos del lugar, o no tanto, recordarán perfectamente el primer boom del tarot telefónico, allá por mediados de los años noventa. En aquel momento, que te echaran las cartas por teléfono era toda una novedad, verdadera tecnología punta. Y como tal había que pagar aquellos servicios.

Era común, en todos los servicios telefónicos de tarificación especial (los 803, 806, 807, 901, 902, 905…), precios que provocaban facturas inesperadamente escandalosas a fin de mes. Los disgustos eran frecuentes; no tanto las reclamaciones, al tratarse de servicios cuyos usuarios valoraban la discreción por encima de todo.

Hoy encontramos precios muchísimo más asequibles, que llegan a rondar o incluso se colocan por debajo de los 0,50€/minuto. Hay además otras modalidades de pago que no existían hace veinticinco años: aparte del pago con tarjeta, hay ofertas especiales de fidelización, tarifas planas, packs de tiempo por un precio especial y similares para atraer y mantener a la clientela.

El vínculo emocional del teléfono

Si el teléfono se ha mantenido como la vía principal de acceso a las consultas del tarot (y no tanto para otro tipo de servicios telefónicos similares, como las famosas "líneas calientes" de los noventa), ¿qué tiene el viejo invento de Bell que lo hace tan atractivo? El secreto está en la proximidad emocional que permite establecer entre el consultante y el tarotista.

El teléfono es una vieja tecnología que no resulta extraña a absolutamente nadie (de internet, a pesar de su brutal impacto social, no se puede decir lo mismo). Puede usarse con toda la comodidad que pueda desearse y en cualquier momento, cómodamente instalados en nuestro sillón favorito. Como guinda del pastel, ofrece un absoluto anonimato.

Pero, por encima de todo, permite una conexión emocional muy intensa y, al mismo tiempo, fácil de cortar si se desea. El hecho de hablar y escuchar a una persona "al oído", por así decir, genera una proximidad muy valorada por los usuarios y muy útil para los agentes. Tiene algo de hipnótico. El ser humano tiene mayor facilidad para comunicar sus verdaderos sentimientos y secretos al oído y sin ver la cara a su interlocutor.

Una nueva manera de dar un mismo servicio

Aparte de la cuestión económica y del "efecto confesionario" del teléfono, ha habido una mutación fundamental en el servicio telefónico de tarot que ha supuesto un cambio radical. Esta nueva herramienta para hacer las mismas cosas es la honestidad. El tarot telefónico ha sabido así librarse de su mayor estigma: el de los servicios fraudulentos.

La idea generalizada entre la mayoría de la población de que este tipo de servicios son una completa estafa ha ido desapareciendo al mismo paso que los desvíos de llamada, las prolongadísimas esperas y las evidencias de que al otro lado de la línea sólo había un desaprensivo sin noción alguna de tarot interesado en sacar los cuartos a los incautos que le llemaban.

De forma progresiva, prácticamente todos (siempre queda alguna excepción) los tarotistas y gabinetes de tarot telefónicos se han ido profesionalizando, por así decirlo. La selección de agentes es mucho más rigurosa que antes, y ya no se vende tanto la idea de que pueden adivinar el futuro y resolver los problemas del que llama, sino la noción de que el tarot sirve para reflexionar sobre la propia vida y aclarar posibles decisiones complicadas.